lunes, 29 de marzo de 2021

Llegó la primavera a Alcabón


Cuando comienza a despuntar la primavera y ya han florecido los almendros, si vas paseando por los caminos y veredas de Alcabón, verás multitud de flores silvestres de variados colores. Algunas de ellas tienen unos curiosos nombres. 

Vamos a dar un repaso a la flora y arbolado de Alcabón, desde otros tiempos hasta la actualidad.


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Zapatitos de la virgen:
 
Florecillas de color malva, que crecen espontáneamente en la primavera en las veredas, en las cunetas de los caminos, en los márgenes de la carretera y en los prados y que tienen una curiosa forma de minizapato (echándole imaginación).



Sangre de Cristo:
 (Fumaria  officinalis). 
Florecillas con filamentos  morados-malvas que también crecen en la primavera en los mismos sitios que los zapatitos de la Virgen.

Cuando las ves, tienes que decir: "Sangre de Cristo, que nunca te he visto, ahora que te veo, te doy un voleo." Y, seguidamente, se arranca una flor.


Candiles: Florecillas moradas oscuras en forma de racimo ascendente que, lo mismo que las anteriores, también crecen junto a ellas espontáneamente.


Pañalitos del Niño Jesús: Florecillas amarillas que también crecen espontáneamente en la primavera en los mismos sitios que los zapatitos de la Virgen y que la sangre de Cristo.


Gatas: Las gatas realmente son ortigas que, igual que todas las anteriores, suelen crecer espontáneamente en las cunetas de los caminos, en las veredas, también en los corrales y en los patios de las casas, en cuanto se dejan un tiempo sin quitar las hierbas. ¡Ojo! Cuidado al tocarlas porque, según cómo las cojas, son urticantes y producen un gran picor, por eso se les llama gatas: porque es como si una gata te hubiera arañado. Algunas personas las utilizan para hacer infusiones.



Pinchos:
Sylibum Marianum. Alcachofas, cardos borriqueros y cardillos  son comestibles y muy apreciados.
Hay que tener mucho arte para pelar los tallos y quitar las partes blandas sin pincharse. 



Pan y quesito:
Eran unas flores blancas de unos árboles muy altos y frondosos que estaban en Las Erillas (Robinia pseudoacacia).  Como broma, al salir de la escuela por la tarde, nos preguntábamos:


"¿Qué vas a merendar hoy?" Y respondíamos: "Pan y quesito". (Refiriéndonos a las flores de este árbol). La cuestión es que estas flores eran dulces y suaves y, más de una tarde, las comíamos de merienda. 

Reconozco que a mí se me daba bien comer plantas, flores y hierbas silvestres. Me acuerdo una tarde de primavera, siendo chica, estando en el corral de la casa vieja, con Pedro Luís, el hijo menor de Esperanza Guerrero, que nos pusimos a comer yerbas y terminamos con los dientes verdes. ¡Menuda regañina que nos echaron! Yo no sé a él, pero a mí mi madre me hizo enjuagarme la boca con agua y vinagre y no sé qué más.

Manzanilla silvestre:  Las conocemos como margaritas, pero se trata de la flor de la manzanilla silvestre (anthemis arvensis). 

Con ellas se jugaba a preguntar sobre el amor: se iban desprendiendo los pétalos uno a uno con un leve tirón, diciendo  alternativamente: "Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere..." 

El último pétalo era el decisivo, pues era el que decía la verdad.  



Amapolas: 
 Las rojas siempre han sido las más comunes en nuestra zona, pero, en los últimos cuatro años, se ven muchas amapolas blancas (papaver somniferum) que suelen cultivarse con fines medicinales por empresas farmaceúticas. 

Otros las aprovechan para otros fines... Cada año se ven más amapolas blancas por las cunetas de caminos y carreteras y en algunas zonas de prado, y también se ven algunas personas que las recolectan cuando ya están en su punto, a finales de mayo o junio. 

Aurora Campos Hidalgo recuerda que,  antaño, cuando los niños eran nerviosos y no dormían bien, hacían una infusión con las adormideras (amapolas blancas), les mojaban el chupón (chupete) en ella y se lo ponían para que se relajaran y se quedaran dormidos.  

Porretas: Me gustaba mucho el dulzor de las porretas, que es el tallo que tienen por dentro las espigas que aún están sin granar, cuando verdean, antes de madurar. Estas espigas daban mucho juego: por un lado, con las porretas. Tirabas hacia arriba del tallo y aparecía un tubito hueco que estaba dulce. 

El juego consistía en cortar el tallo de un mordisco y presionarlo con cuidado contra la frente, haciendo la señal de la cruz, diciendo: "Porreta, porreta, si no me tocas, te rompo la jeta". Luego, soplabas por la porreta, como si fuera un pito y, si había suerte, la porreta pitaba y jugabas con ella dando pitidos. Si no pitaba, la rompías la jeta y cogías otra.  



Por otro lado, había otro juego que
consistía en arrancar la espiga verde, como las de la fotografía  y, como si fuera un dardo, lanzarla por detrás al jersey del compañero o compañera, para que se le quedara prendida sin que se diera cuenta. 

Era divertido porque, algunas veces, cuando el jersey era de lana, se le quedaban prendidas muchas espigas y volvía a su casa, sin enterarse, con un montón de ellas prendidas por la espalda. Otro día le tocaba a otro. Otro día a mí.


Piñas de lobo o piñas locas: Mi madre, en general, aplicaba estos dos apelativos tanto a las piñas (de arizónicas y de pinos) como a otros frutos de árboles, arbustos y plantas, tales como bayas silvestres que, aun teniendo una apariencia apetitosa, no se pueden comer porque son tóxicos para consumo humano. 

Entenderéis que mi madre me insistiera mucho en distinguir los frutos de lobo de los buenos, porque a mí me daba por comerme todo lo silvestre.

Ficus: Son arbustos vistosos, principalmente de hojas, que pueden evolucionar, si se les deja crecer, a formas arborícolas. Antiguamente, había un seto de hojas verdes, de aligustre, que rodeaba toda la Plaza del Ayuntamiento. 
Actualmente, hay algunos ficus y arbustos diversos en el pueblo: de hoja verde, de hoja amarilla, aligustres de bolita negra y de bolita roja, en las jardineras habilitadas a lo largo de la carretera de Torrijos, entre los magnolios, junto con plumerillos rojos (callistemon citrinus) que también son muy vistosos cuando florecen.  

Arizónica: El ciprés de Arizona es muy habitual en Alcabón. Es utilizado como seto para rodear vallados y recintos de jardines y patios y también con fines ornamentales. Por el Barrio Abajo tenemos varias arizónicas muy bien cuidadas.
Subiendo la calle de Las Cruces hacia el camino arriba, también hay muchas y frondosas cumpliendo su habitual función de seto que rodea varias fincas: el Tesorillo, La Cambronera y la de Blas). 

Los tontos: (Kochia scoparia verde). Había varios plantados por la carretera de Torrijos, ya a las afueras del pueblo, y  alguno más por el Barrio Abajo, pero ya no queda ninguno. A mí me hacían mucha gracia por el nombre y por la forma redondeada de la planta. 

Yo no sé si eran así llamados realmente, o fue una denominación que se inventó mi madre que, algunas veces, creaba sus propias palabras, pero, al buscarlos en Google como "arbusto los tontos", me han salido varios resultados correctos.   



Pericones: (Mirabilis jalapa). Son plantas ornamentales con flores vistosas y aromáticas muy típicas de los jardines de nuestra comarca. Por las jardineras de las calles también había muchos pericones, sobre todo en las Erillas, antes de que pusieran las piedras blancas y amarillas por todas partes. Ahora sólo quedan unas matas de pericones en el Barrio Abajo. 



Abrojos: Esta planta, Tribulus terrestris, después de florecer, desprende unas semillas irregulares con pinchos que pueden incluso llegar a pinchar un neumático.  Se quedan entramados en los pelos de las mascotas, clavados en las suelas de los zapatos... ¡Ojo con los abrojos!


Palodú: Tiene muchos nombres, (palulú, arrazul, regaliz, palo dulce, orozú...), pero, aquí, en el pueblo, lo llamábamos palodú. Es la raíz de una planta llamada Glycirrhiza Glaba y se cortaba en trozos, en palitos, para chuparlos y masticarlos. Me encantaba, tan dulce y con ese sabor tan peculiar, sí, como a regaliz. 
Pues resulta que el palodú tiene muchas propiedades medicinales y, sin saberlo, nos ayudaba a curar las pupas y las yagas de la boca. Además, es antiinflamatorio, antialérgico, antiviral y desintoxicante. Mira, podían probar a ver si hace efecto contra la covid.

Los lilos: De color lila y muy aromáticos a últimos de abril y primeros de mayo, son una de las plantas arborícolas típicas de nuestro pueblo. Hay uno muy bonito que aún es pequeño en el Barrio Abajo. Cuando esté grande va a ser una gozada.

Inmaculada García Garrido recuerda que había un lilo muy bonito en casa de Las Curatas, en ca la Secu, en la calle Alamillo. Aunque esa casa y el jardín están abandonados desde hace años, he visto que el lilo, junto con unos bonitos rosales, todavía siguen vivos entre la maleza. 

Otras plantas silvestres que crecen por nuestro pueblo y alrededores: zarzas (como los matorrales que están repletos de pájaros y otros animalillos en el camino que sale por detrás de la calle Fuente del Cura), zarzamoras, tomillo y romero (plantas aromáticas que se utilizan para infusiones y también para cocinar, sobre todo, asados de carne), manzanilla, que se utiliza, sobre todo, para infusiones; santolina, albahaca, orégano, hierbabuena y alguna mata de lavanda. 
Hay otros frutos silvestres de temporada que son comestibles, como los espárragos trigueros, las collejas, las acelgas silvestres, los cardillos, los ajetes, cebollinos, alguna seta (se ven algunas en otoño, pero, por esta zona, las que brotan ya no son aptas para consumo humano). 

Otro lunes hablaremos de la agricultura y los cultivos propios del pueblo: cereales, huertos y frutales.   


Respecto a los árboles de nuestro pueblo, echo mucho de menos los
sauces llorones. Eran especiales. Uno estaba delante de la iglesia y otro en la Plaza del Ayuntamiento. No recuerdo si había alguno más. 

Esos eran los dos más grandes y hermosos. Me gustaba mucho ver cómo las finas ramas, con hojas también finas, caían desde lo alto de la copa del árbol hacia abajo y llegaban hasta el suelo. 
En las noches de verano, era una suerte coger el banco de la plaza que se quedaba tapado con las ramas del sauce llorón. La cuadrilla de jóvenes que lo cogía, ya no se movía de allí en toda la noche. Era como haber conquistado un castillo. 
Además, podías fumar a escondidas sin que te viera nadie. 

También había álamos bien altos y frondosos al lado del Bar los Álamos y a la salida de Alcabón, por la carretera de Val de Santo Domingo. De estos ya no queda ninguno.

Donde ahora está el aparcamiento del Bar de Julián, q.e.p.d., estaban "los troncos". Precisamente, eran dos robustos y centenarios troncos de Álamos, que habían dejado tumbados, uno frente a otro, después de talarlos y que, durante años, fueron el lugar preferido de las cuadrillas de jóvenes para ir a pasar las noches de primavera y verano. Por entonces, años 80, ese lugar estaba a las afueras del pueblo. Era costumbre ir a dar un paseo por la carretera de Santa Olalla,  y luego, quedar en los troncos. ¡Qué pena nos dio cuando los quitaron!


Desde los últimos años del siglo XX a esta parte ha cambiado mucho el paisaje arborícola del pueblo: se han arrancado muchos árboles antiguos, sobre todo porque algunos se pusieron malos, como los sauces llorones. 

También se arrancaron muchas olivas y se talaron muchos árboles, muchos, también los de pan y quesito, por razones que yo desconozco. 

Un pequeño homenaje especial quiero hacer a las adelfas, tan defendidas por Arturo y Stèphane, rosales y árboles de trueno que tuvimos en la calle Torrijos hasta el año 2013, año en que fueron taladas y sustituidas por palmitos y ficus.


Las adelfas, (nerium oleander), de colores fuertes y llamativos (fucsia, morado, blanco, amarillo), adornaron nuestro pueblo y otros muchos, igual que muchas medianas de autovías, hasta que comenzaron a talarlas por considerarlas tóxicas y no gratas. Lo cierto es que adornaban y daban un toque de color muy vivo, junto con la frondosidad y el verdor de sus hojas.

Aún quedan rosales de aquellos años en algunas jardineras de nuestras calles. Hay uno que huele muy muy bien en el pequeño parque con moreras que hay al final de la calle del Cementerio, justo en el esquinazo.


Los árboles de trueno (ligustrum japonicum o lucidum): Eran los árboles que estaban plantados a lo largo de la carretera de Torrijos, según vas a la ermita de la Virgen, antes de que los cambiaran por los palmitos. 
Sus racimos de microflores blancas eran aromáticos y daban un olor muy rico y dulce según pasabas. Posteriormente, soltaban un fruto que eran bolitas negras que caían al suelo y dejaban todo el suelo lleno de manchas al pisarlas.   

Nuestros árboles en la actualidad:

Palmitos y palmeras: Desafortunadamente, se han quemado prácticamente todos con la última nevada de Filomena. 

Magnolios: Están por el Barrio Abajo y por la carretera de Torrijos. Me encanta el aroma de las flores del magnolio. Tenéis que probarlo cuando florecen a finales de mayo y en junio.

Plataneros: Están en Las Erillas y en La Plaza del Ayuntamiento. Dan buena sombra, aunque tienen el inconveniente de las raíces, que son superficiales y levantan el suelo. 

Cinamomos: Hay varios en la Plazuela, que ha quedado genial con la última reforma que ha hecho el Ayuntamiento de José Agustín Congosto. También hay varios por el polígono industrial, junto con moreras y almendros, y otro muy grande delante de la iglesia. 

Los cinamomos son característicos por los racimos de bolitas doradas que tienen colgando, muy vistosos. A mediados de la primavera, comienzan a brotar las flores, de color lila pálido, con un aroma dulce y penetrante. Da gusto pasar por la Plazuela cuando están en flor. Os lo recomiendo.  

Las moreras: Grandes árboles cuyos frutos, unos de mora blanca y otros de mora roja, eran recolectados tanto para comer tal cual como para hacer mermeladas o tartas. Sus hojas verdes también eran recolectadas en primavera para alimentar a los gusanos de seda, que era uno de los entretenimientos de los niños en esta época del año. Se alimentaba a los gusanos blancos de seda hasta que hacían el capullo y, posteriormente, ya se convertían en mariposas.   

Otros árboles típicos del pueblo y su entorno: los membrillos, los granados, los almendros, los nogales, las olivas, pinos, higueras, parras de uva, alguna encina, algún laurel, limoneros, nísperos  y algún otro árbol cuya denominación yo desconozco.


Por el paseo a la ermita de San Isidro se concentran la mayor parte de árboles de nuestro pueblo, sobre todo de árboles antiguos de los que dan sombra. Hay dos nogales, varios almendros, una higuera, varios olmos, alguna morera y otros que son desconocidos para mí. 
En la calle que va al depósito de agua, detrás de la iglesia, el Ayuntamiento ha plantado recientemente moreras sin fruto, y parece que algunas han prendido bien y ya están saliendo algunos brotes.  

El entorno de la ermita de San Isidro, hasta que se creó el servicio mancomunado de recogida de residuos, era el vertedero municipal donde se tiraban todas las basuras y se quemaban los desperdicios. Era penoso y daba miedo pasar  por las ratas y alimañas que por allí corrían.  

Afortunadamente, toda esa zona fue muy bien recuperada y rehabilitada por el entonces Ayuntamiento de José Antonio Rodríguez: construyeron la ermita, plantaron árboles, se habilitó la zona de la depuradora e incluso una parte del terreno se alambró y se destinó para uso formativo de cursos de jardinería. 


Actualmente, el entorno de la ermita de San Isidro está muy descuidado. Ahora, en primavera, está todo verde y da gusto estar allí, pero, algunas personas y cuadrillas de jóvenes que van a disfrutar del bonito lugar, dejan tiradas botellas de cristal, plásticos, latas y basuras, sin preocuparse del daño que causan. Tampoco hay contenedores para echar las basuras. 

Da pena verlo todo lleno de desperdicios, siendo uno de los pocos parajes naturales que merecen la pena disfrutar en nuestro pueblo.

Otras zonas arboladas en nuestro pueblo: 

El campo de fútbol, rodeado todo de frondosas arizónicas. En el entorno del campo de fútbol también hay algunos pinos, aún no muy crecidos, que ya comienzan a dar un poco de sombra. 

Por la zona del depósito de agua hay varios olmos bien hermosos.

En la Avenida de Castilla la Mancha, la calle de la piscina municipal, hay diversos árboles cuya denominación desconozco por el momento (estoy investigando). Todos estos árboles estuvieron afectados por alguna plaga hasta el año pasado, viéndose todas las hojas agujereadas por insectos. Recientemente han sido muy bien talados todos por el Ayuntamiento, quedando a la espera de que, cuando vuelvan a brotar, ya estén saneados y sin bicho. 

Los arroyos que cruzan los caminos por detrás de San Isidro, que van en dirección a la carretera de Santa Olalla:  Este año vienen bien cargados de agua (habrá sido por las nieves). Todo a lo largo de su curso, (alguno viene desde cerca de Carmena), están salpicados por pequeños islotes de vegetación, como si fueran pequeños oasis de árboles y arbustos. Chopos, olmos, álamos, junqueras, cañizares, higueras, son algunos de los que se podemos encuentrar.
  
Este año, como los arroyos venían con agua, he podido echar al arroyo una rana descarriada que quedó atrapada en mi patio este tiempo atrás, con las lluvias. También tuvimos varias ranas  o sapos, que por la noche hacían un ruído ensordecedor, en el confinamiento del año pasado, pero esas se desenvolvieron bien por ellas mismas.    

Me falta dar un repaso al parque municipal, que iré a ver cuando esté más florido.

Creo que los árboles más antiguos y frondosos que nos quedan ahora mismo en Alcabón son: el pino de la Plazuelilla y el que está al final de la calle del Cementerio, el cinamomo que está delante de la iglesia, la higuera y los olmos del camino que va a la ermita de San Isidro y los demás árboles que están en este entorno, y alguna morera de las que dan fruto en la zona del polígono industrial. 

También, en los olivares viejos que están a las afueras del pueblo, tenemos algunas olivas centenarias. En alguna casa particular seguro que también queda algún árbol antiguo que sería digno de mencionar, pero los desconozco. 

Cuidemos de nuestros árboles y de toda la naturaleza autóctona de nuestro pueblo.   



Más flores, plantas y árboles hay en Alcabón, que esconde jardines muy bonitos y cuidados con mucho esmero en algunas casas, pero ya las veremos más adelante, cuando hablemos de La Cruz de Mayo.



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Abril: 

Me ha dado alegría ver que en el parque de las Escuelas, recién reformado, en las Erillas, todavía queda un árbol de pan y quesitos.

En la Avenida de Castilla la Mancha, (la calle de la piscina municipal), todavía queda algún árbol de trueno. 
Sigo sin descubrir qué árboles son los que hay en esta avenida, que parece que van creciendo sanos este año. 

Las cebadas y los campos este año verdean mucho, las espigas están bien cargaditas de grano y parece que habrá buena cosecha. Los almendros están también cargaditos de almendrucos.

En uno de los arroyos que cruza el camino que sale a la derecha subiendo la Calle de Las Cruces, (el camino donde está la antena de los móviles), hay un chopo bien antiguo que da gusto verle con un tronco y una copa bien grandes, acompañado de una higuera que se ve que también es vieja, junto con otros árboles más jóvenes. 

4 comentarios:

  1. Me gusta mucho tu iniciativa.

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    1. Muchas gracias. Me alegra mucho que te guste. Un cordial saludo.

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  2. Me encanta tu iniciativa, así conoceremos cosas y tradiciones típicas de Alcabón.Gracias

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    1. Muchas gracias, Mari Carmen. Me alegra mucho que te guste. Yo iré aportando todo lo que he recopilado y sigo recopilando sobre Alcabón y, del mismo modo, todo lo que me vayan aportando otros paisanos y paisanas del pueblo. Feliz Semana Santa.

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Muchas gracias por tus comentarios