Los quintos, una tradición muy entrañable ya desaparecida en nuestro pueblo. Hoy vamos a recordar a todos esos mozos que se tallaban cada año para ir a la mili.
Mi tío Juan y mi tía Aurora me cuentan que la víspera del día 1 de mayo, se juntaban los quintos. Eran los que cumplían 18 años, la mayoría de edad, y ese año iban a ser llamados para hacer el servicio militar.
Iban andando a la chopera que tenía el tío Domingo Pataco cerca de los Praos, yendo hacia Santa Olalla, a cortar un chopo bien alto y enramado. Algunos años, también iban a la chopera de Santa Olalla.
En otros pueblos, al chopo lo llaman el mayo, pero, aquí, en Alcabón, siempre se ha llamado el chopo.
Traían el chopo a cuestas entre todos los quintos. Bueno, los últimos años ya lo traían en el camión de los Tejeros.
En los últimos años, el chopo se plantaba en la Plazuela.
María Luisa Labrado me cuenta que, en su quinta, el chopo se plantó en la Avenida Castilla La Mancha, al lado del polideportivo.
En lo alto del chopo ponían, atadas a las ramas, tantas naranjas como quintos había y una bandera de España con cada una.
En los últimos años, ponían una bandera de España más grande que representaba a todos.
Esa noche, víspera del día 1 de mayo, por la madrugada, los quintos hacían la enramá.
Con todas las ramas que habían cortado del chopo, los quintos que tenían novia, iban poniendo unas ramas cruzadas, imitando la forma de un corazón, en las rejas de las ventanas de sus novias. Finalmente, se ponían ramas en las rejas de las ventanas de todas las mozas casaderas del pueblo.
Las ramas que les sobraban las ponían en las rejas de la puerta de la iglesia e, incluso, se subían a la torre a poner ramas del chopo.
Antonio Vera Sandoval me cuenta que, el año de su quinta, 1973, él se subió hasta la veleta de la iglesia a poner ramas. Los demás quintos le decían: "Eres peor que los aguilillos" y, desde entonces, se quedó con el apodo de Antonio el Aguilillo.
Era también costumbre que los quintos se compraran o se hicieran una pandereta y las novias, si la tenían, o las madres o hermanas, hacían unos madroños de lana de colores vistosos para adornarlas, junto con cintas de colores, cascabeles y bonitos adornos variados.
Juan Carlos Merchán pintaba por encargo los dibujos típicos de las panderetas, como la de arriba, que fue la pandereta de quinto de mi hermano José Vicente, q.e.p.d., aunque él no hizo la mili por la miopía tan alta que tenía.
Los quintos, cuando salían por la madrugada, iban poniendo las ramas del chopo en las rejas de las mozas, tocando las panderetas y cantando canciones como esta:
Pandereta, pandereta,
yo te tengo que romper,
a la puerta de mi novia
porque no has tocado bien.
Por esta calle que voy,
por la otra doy la vuelta,
la dama que me quisiera,
téngame la puerta abierta.
El día 1 de mayo, fiesta de San José Obrero, los músicos tocaban temprano la diana floreada y el pueblo amanecía todo enramado y con el chopo plantado en la Plaza.
Durante el mes de mayo, los quintos quedaban para cantar juntos, pedían dinero por las casas, salían a rondar a las mozas y, si alguna moza se había echado un novio de fuera del pueblo, tenía que pagar la ronda a los quintos.
Si el novio forastero no quería pagar la ronda a los quintos, seguro que terminaba pasado por agua en el pilón o en el caño.
Todo el dinero que recogían durante el mes de mayo, lo juntaban y, cuando quitaban el chopo el día 1 de junio, hacían la comida o cena de quintos.
En los últimos años, además de todo lo dicho, los quintos hicieron algunas faenas y pintadas en las paredes del pueblo, de las cuales todavía quedan algunos restos, ya casi borrados. También se ponían en medio de la carretera, paraban a todos los coches que pasaban y les pedían dinero.
Finalmente, tras la talla, el médico declaraba en voz alta, ante todos los asistentes, si el joven era apto o no apto para el servicio militar.
El día 1 de junio los quintos quitaban el chopo.
La tradición de los quintos terminó en Alcabón en los años 90, porque ya no había suficientes quintos en el pueblo para ir a por el chopo,- algún año no hubo ninguno -, y terminó por desaparecer, quedando en el recuerdo de todos como una de las tradiciones más entrañables de nuestra cultura alcabonera.
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Recuerdos entrañables
Muchas gracias a mi tía Aurora Rico Rodríguez y a mi tío Juan Rico Rodríguez por contarme las costumbres de antaño sobre lo que hacían los quintos el día 1 de mayo.


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