miércoles, 5 de mayo de 2021

Los quintos

Los quintos, una tradición muy entrañable ya desaparecida en nuestro pueblo. Hoy vamos a recordar a todos esos mozos que se tallaban cada año para ir a la mili.

Mi tío Juan y mi tía Aurora me cuentan que la víspera del día 1 de mayo, se juntaban los quintos. Eran los que cumplían 18 años, la mayoría de edad, y ese año iban a ser llamados para hacer el servicio militar.

Iban andando a la chopera que tenía el tío Domingo Pataco cerca de los Praos, yendo hacia Santa Olalla, a cortar un chopo bien alto y enramado. Algunos años, también iban a la chopera de Santa Olalla. 

En otros pueblos, al chopo lo llaman el mayo, pero, aquí, en Alcabón, siempre se ha llamado el chopo. 

Traían el chopo a cuestas entre todos los quintos. Bueno, los últimos años ya lo traían en el camión de los Tejeros.

Hacían un agujero bien hondo en medio de la Plaza, cuando estaba de arena y, entre todos, ayudándose de cuerdas y maromas, lo metían en el hoyo y lo acuñaban con esmero para que se quedara bien plantado y no se moviera durante todo el mes de mayo, hasta el día 1 de junio.  

En los últimos años, el chopo se plantaba en la Plazuela. 

María Luisa Labrado me cuenta que, en su quinta, el chopo se plantó en la Avenida Castilla La Mancha, al lado del polideportivo.

En lo alto del chopo ponían, atadas a las ramas, tantas naranjas como quintos había y una bandera de España con cada una. 

En los últimos años, ponían una bandera de España más grande que representaba a todos. 

Esa noche, víspera del día 1 de mayo, por la madrugada, los quintos hacían la enramá.

Con todas las ramas que habían cortado del chopo, los quintos que tenían novia, iban poniendo unas ramas cruzadas, imitando la forma de un corazón, en las rejas de las ventanas de sus novias. Finalmente, se ponían ramas en las rejas de las ventanas de todas las mozas casaderas del pueblo.

Las ramas que les sobraban las ponían en las rejas de la puerta de la iglesia e, incluso, se subían a la torre a poner ramas del chopo. 

Antonio Vera Sandoval me cuenta que, el año de su quinta, 1973, él se subió hasta la veleta de la iglesia a poner ramas. Los demás quintos le decían: "Eres peor que los aguilillos" y, desde entonces, se quedó con el apodo de Antonio el Aguilillo.

Era también costumbre que los quintos se compraran o se hicieran una pandereta y las novias, si la tenían, o las madres o hermanas, hacían unos madroños de lana de colores vistosos para adornarlas, junto con cintas de colores, cascabeles y bonitos adornos variados. 


En la piel de la pandereta se solía pintar la bandera de España con un ¡Viva España! o algún dibujo tradicional y festivo como una flamenca bailando, o una pareja de joteros, y otros similares.

Juan Carlos Merchán pintaba por encargo los dibujos típicos de las panderetas, como la de arriba, que fue la pandereta de quinto de mi hermano José Vicente, q.e.p.d., aunque él no hizo la mili por la miopía tan alta que tenía.

Los quintos, cuando salían por la madrugada, iban poniendo las ramas del chopo en las rejas de las mozas, tocando las panderetas y cantando canciones como esta:


Pandereta, pandereta,

yo te tengo que romper,

a la puerta de mi novia

porque no has tocado bien.


Por esta calle que voy,

por la otra doy la vuelta,

la dama que me quisiera,

téngame la puerta abierta.


El día 1 de mayo, fiesta de San José Obrero, los músicos tocaban temprano la diana floreada y el pueblo amanecía todo enramado y con el chopo plantado en la Plaza. 

Durante el mes de mayo, los quintos quedaban para cantar juntos, pedían dinero por las casas, salían a rondar a las mozas y, si alguna moza se había echado un novio de fuera del pueblo, tenía que pagar la ronda a los quintos. 

Si el novio forastero no quería pagar la ronda a los quintos, seguro que terminaba pasado por agua en el pilón o en el caño.

Todo el dinero que recogían durante el mes de mayo, lo juntaban y, cuando quitaban el chopo el día 1 de junio, hacían la comida o cena de quintos. 

En los últimos años, además de todo lo dicho, los quintos hicieron algunas faenas y pintadas en las paredes del pueblo, de las cuales todavía quedan algunos restos, ya casi borrados. También se ponían en medio de la carretera, paraban a todos los coches que pasaban y les pedían dinero.  


Muchas gracias a José García Palomo por su foto de la quinta de 1960

En cierto día del mes de mayo, venía el médico militar a tallar a los quintos. La talla se hacía en el Ayuntamiento. El médico iba haciendo un reconocimiento de cada joven: midiendo la estatura, pesándole en la báscula, auscultándole, preguntándole si tenía alguna enfermedad o algo que le impidiera hacer el servicio militar, (como graves defectos de vista, pies planos, etc).

Finalmente, tras la talla, el médico declaraba en voz alta, ante todos los asistentes, si el joven era apto o no apto para el servicio militar.  

Los que eran declarados aptos entraban en el sorteo: se les asignaba un número que, posteriormente, era el que determinaba su lugar de destino para hacer la mili. 

Recibían una citación para presentarse en la caja de reclutas de Toledo, donde ya les confirmaban oficialmente su destino. El servicio militar tenía una duración de dos años (hasta 1968), de 18 meses (hasta 1984), de 12 meses (hasta 1991), y finalmente, de 9 meses (hasta 2001, año en que se suprimió el servicio militar obligatorio).

El día 1 de junio los quintos quitaban el chopo.

La tradición de los quintos terminó en Alcabón en los años 90, porque ya no había suficientes quintos en el pueblo para ir a por el chopo,- algún año no hubo ninguno -, y terminó por desaparecer, quedando en el recuerdo de todos como una de las tradiciones más entrañables de nuestra cultura alcabonera.

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Recuerdos entrañables


Ya en el actual siglo XXI, con el boom de  las redes sociales como facebook y whatsapp, está de moda que se reúnan los quintos y quintas de cada año, como hicieron los quintos de 1952 en este vídeo, lo cual es motivo de muchas alegrías compartiendo buenos recuerdos y vivencias de juventud. 

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Muchas gracias a mi tía Aurora Rico Rodríguez y a mi tío Juan Rico Rodríguez por contarme las costumbres de antaño sobre lo que hacían los quintos el día 1 de mayo.

Muchas gracias también a Antonio el Aguilillo por relatarme lo que hicieron en la enramá de la quinta de 1973 y la canción de los quintos. 

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