sábado, 4 de junio de 2022

Don Victorio: Una vida entregada a la obra de Dios

 

Monseñor Victorio Garrido Moset
Nació en Alcabón, el 21 de mayo de 1911
Falleció en Toledo, el 14 de noviembre de 2008.
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Ha sido para mí una gran alegría descubrir la semblanza biográfica de Don Victorio y un honor poder darla a conocer a todo el pueblo. 

Don Victorio fue un alcabonero que consagró su vida a Dios durante más de 70 años y se dedicó a hacer el bien allá donde fue destinado, ganándose entre muchos el sobrenombre de "El cura santo".

Muchas gracias a sus sobrinos, Carmen Rodríguez Garrido, Emilio Guerrero Garrido, Manuel Garrido y a María Antonia, por relatarme los hechos de la vida y obra de su tío, por detallarme las fechas más destacadas y algunas anécdotas de su trayectoria de vida, tanto como sacerdote como a nivel personal.

Don Victorio vivió el difícil momento histórico de la posguerra en el que todo estaba por hacer. Un hombre íntegro, discreto, de buen carácter y de buen criterio, entregado y comprometido plenamente con su misión allá donde fue. Completó sus estudios de Filosofía y Teología en el Seminario de Toledo en plena Guerra Civil, siendo ordenado sacerdote el 27 de marzo de 1937. 


Título de los estudios de Teología de Don Victorio

Dio su primera misa en Alcabón, el 30 de marzo de 1937 y su primer destino fue como sacerdote de La Mata, Otero y Domingo Pérez, donde permaneció hasta 1944, iniciando allí su labor en los difíciles tiempos de la posguerra. 

En ese mismo año, fue destinado como sacerdote a la población de Orgaz, donde permaneció hasta el año 1952. Fue en esta población, muy castigada por los horrores de la Guerra Civil en todas las familias, donde Don Victorio realizó una importante labor pastoral. 

En Orgaz, villa de origen noble, donde las tierras estaban todas en manos de las familias señoriales, muchas vidas quedaron sesgadas por los avatares de aquella contienda sin sentido. 

Fue Don Victorio quien, con su intervención pastoral y conciliadora, consiguió la difícil reconciliación de los terratenientes dueños de las tierras con los campesinos que las trabajaban. Consiguió que los primeros volvieran a ofrecerles el trabajo que antes desempeñaban y, por otro lado, que los segundos lo aceptaran, dejando atrás el dolor y los viejos rencores de la guerra. Su mediación fue decisiva para que no hubiera revanchas y todos siguieran con su vida en una nueva armonía. Y lo consiguió, lo cual es un logro digno de ser recordado.

También es muy querido y recordado por otra razón. Gracias a él, por su tesón e insistencia, el cuadro de El Expolio de El Greco volvió a Orgaz después de muchos años de peripecias. Su sobrino Emilio recuerda que le acompañó en uno de sus viajes al Instituto Iberoamericano de Madrid, donde estaban restaurando dicho cuadro, para reclamarlo y que lo devolvieran a su original lugar en esta noble población.
Otro de sus logros en Orgaz fue la fundación del colegio de la localidad. Don Victorio siempre dio mucha importancia a la educación, y así lo demostró en la siguiente etapa de su vida en Toledo.   

Don Victorio fue designado con honor hijo adoptivo de Orgaz. Allí tiene dedicada una calle, junto con el padre Tomás. 


Placa conmemorativa de la calle dedicada a 
Don Victorio Garrido y al padre Tomás en Orgaz

El 30 de septiembre de 1952 fue destinado a la parroquia de Santiago el Mayor del Arrabal de Toledo, donde permaneció el resto de su vida, hasta que se jubiló cumplido su servicio sacerdotal en 1983, y donde también realizó hechos muy destacados. 

Al llegar a Toledo se encontró un barrio de contrastes: por un lado, la prosperidad de los militares que vivían en los edificios que habían sido construidos para ellos y, por otro, un barrio marginal que aún permanecía devastado por las consecuencias de la guerra, afectado por muchas enfermedades, como la tuberculosis, y con gran parte de la población desempleada, dejada de la mano de Dios, con muchos niños y niñas descuidados y sin escolarizar y con una continua problemática social (prostitución, delincuencia, extraperlo, etcétera...). 

Además de todo esto, se hizo cargo de un templo, la iglesia de Santiago del Arrabal, que casi se venía abajo y que, gracias a la intervención de Don Victorio, ha llegado viva y ya totalmente restaurada y en pleno esplendor hasta nuestros días, siendo una de las obras maestras más representativas de la arquitectura mudéjar en Toledo, llamada la catedral del arte mudéjar.


Iglesia de Santiago el Mayor del Arrabal

Comenzó su obra pastoral en 1953 abriendo una guardería y  escuela en el torreón de la Puerta de Bisagra para cuidar y escolarizar a todos los niños y niñas más desfavorecidos. También abrió talleres de carpintería para los hombres y de costura para las mujeres, (labores de Lagartera), para  personas sin trabajo del Barrio de Covachuelas y Antequeruela y así lograr que tanto las madres, (algunas de ellas pertenecientes a grupos marginales como prostitutas), como otros adultos sin oficio pudieran conseguir un trabajo y tener medios económicos suficientes para sacar adelante a sus familias. 

Carmen cuenta que ella colaboró en los primeros pasos de la guardería. Las mujeres voluntarias de la iglesia iban recogiendo a los niños y niñas por las casas. Recuerda que las madres se iban a trabajar y dejaban la puerta de su casa  entreabierta para que las voluntarias pudieran entrar a recoger a los niños y niñas, que los dejaban atados a la cuna, tumbados en esos colchones de borra (lana tosca y basta sin refinar), los pobrecitos mojados de orina, sin pañales y descuidados. 

Don Victorio consiguió ayudas oficiales, destinadas a las guarderías laborales, para pagar a unas criadas que cuidaban de los niños y niñas y, ya posteriormente, pudo contratar a cuidadoras y maestras profesionales.  

Carmen, una vez ya constituido el Colegio de Santiago el Mayor, fue allí maestra.

María Antonia considera que Don Victorio fue un adelantado a su época, sobre todo, en los temas sociales pues, en aquellos años de penurias, se dedicó y se preocupó, desde su misión de sacerdote, por  proteger a las clases más desfavorecidas y a proporcionarles medios reales y efectivos para su integración y desarrollo.

La guardería y escuela de la Puerta de Bisagra fue el origen del Colegio de Santiago el Mayor, fundado por Don Victorio, que fue pionero en algunas áreas: uno de los primeros en el programa de coeducación (clases para niños y niñas) y en impartir idiomas, concretamente con el francés en sus inicios.

El colegio de Santiago el Mayor, desde sus orígenes con Don Victorio, es un centro muy familiar, lejos de la masificación de otros colegios, muy cercano, donde se tiene en cuenta la situación concreta de los alumnos y alumnas como de sus familias. 


Imagen antigua de los inicios del Colegio de Santiago el Mayor
edificado sobre los terrenos de una antigua vaquería,
lindando con la muralla que rodea Toledo.

Otros hechos fueron conseguidos gracias a Don Victorio, entre los que podemos mencionar:

Fundador de la Casa Sacerdotal en el barrio de la Iglesia de Santa Casilda.
Fundador de la Casa de Ejercicios Espirituales.
Fundador del primer grupo de la Legión de María y de las comunidades neocatecumenales.
Promotor de nuevas parroquias en Toledo, como la del Buen Pastor y la de San Julián.
Promotor de los movimientos apostólicos y de la catequesis.
Fue nombrado Arcipreste Decano de la diócesis de Toledo y consultor de varios obispos y arzobispos a lo largo de su vida, entre ellos el obispo Cañizares quien, tras 70 años de servicio, otorgó el honor del título de Monseñor a Don Victorio, ratificado desde el papado de Roma. 

Respecto a la recuperación del templo de Santiado el Mayor, fue uno de sus principales retos. Hasta que fue restaurado, las misas las daba en el Hospital de Tavera y, mientras tanto, recorría todos los organismos oficiales posibles para recaudar fondos para llevar a buen término la restauración. Muchos viajes a Madrid tuvo que hacer para pedir las ayudas que entonces se daban en favor de las "Ciudades de Interés Artístico Nacional".

Emilio recuerda acompañarle en alguno de esos viajes. Cuenta cómo al llegar a los organismos oficiales, incluso sin tener cita con los responsables de dar la ayudas, él se presentaba como Don Victorio de Toledo, "el pedigüeño", y todos le recibían porque conocían su buena labor y su buen hacer. 

Años de restauración fueron necesarios para recuperar la belleza original de Santiago el Mayor y dejar al descubierto el ladrillo visto de todas las paredes interiores del templo que había sido tapado por diversas capas de cales (seguramente aplicadas como remedio de saneamiento frente a enfermedades como la peste), y para reponer las techumbres, las fachadas y otros elementos arquitectónicos del edificio que estaban muy deteriorados y destruidos.


Fotografía del cuadro de Don Victorio
cedida por su sobrina Carmen Rodríguez Garrido

La principal afición de Don Victorio, ya en la etapa más madura de su vida, fuera del ámbito del sacerdocio, fueron los viajes. Estaba unido a una comunidad de sacerdotes viajeros y juntos visitaban distintos países, destacando Tierra Santa, Rusia y África. Dedicaban su tiempo a conocer tanto los lugares como las gentes y sus costumbres. 

Carmen cuenta una anécdota que le sucedió en Rusia. Se le quedó pillada la sotana en una escalera mecánica, y tuvieron que llamar a los técnicos para que pararan el mecanismo del  tramo de escalera y poder soltarse, porque él nunca se quitaba su sotana. Nunca se la quitó. 
Emilio recuerda también que en una ocasión le atacaron en el Metro de Madrid por llevar la sotana. Tal era su conciencia de sacerdote. 

La parroquia de Santiago el Mayor del Arrabal abarcaba antiguamente diversos barrios dentro de Toledo y Don Victorio estaba dispuesto, ya fuera de día o de noche, a cumplir su deber de sacerdote siempre que era requerido. Emilio recuerda, siendo muchacho, acompañar a su tío con un candil de aceite, en la oscuridad de la noche, hasta el barrio de Santa Bárbara o donde fuera requerido, para dar la extrema unción a algún parroquiano o parroquiana que estaba en sus últimas horas. 

Diversas imágenes de Colegio
Santiago el Mayor y Don Victorio






En el escrito que una de sus sobrinas nietas leyó en el acto de homenaje a Don Victorio organizado por su familia el 12 de noviembre de 2021, además de señalar sus principales logros, destacaron los rasgos más significativos de Don Victorio como persona: 

Un hombre honesto y recto, discreto, humilde, cercano y compasivo con las personas necesitadas, un hombre ejemplar en todo momento, un hombre recio y de acción, luchador, que se entregó a la obra de Dios y cumplió fielmente su cometido como sacerdote sin ruídos, con el buen hacer y con el compromiso del que no necesita reconocimientos ni premios para llevar a cabo la labor que tiene encomendada. 


Don Victorio falleció el 14 de noviembre de 2008 a los 96 años de edad, siendo su entierro oficiado por el cardenal arzobispo Antonio Cañizares con la asistencia de más de 60 sacerdotes y numerosos toledanos y alcaboneros que le acompañaron en su último adiós. Sus restos descansan en el cementerio de Alcabón. 

Todos le recuerdan con su sonrisa sencilla y sincera, su buena conversación, sus palabras de apoyo, y su ejemplo como persona y como sacerdote, "con los pies bien firmes en la tierra y con la cabeza y el corazón en el cielo."

6 comentarios:

  1. Anónimo04 junio

    Conocí y viví muchas de las cosas que aquí se dicen y algunas otras de las que fui testigo. Recuerdo que estando de paseo por los campos de Don Gregorio, siendo yo seminarista, se acercaron unos guardia civiles y nos preguntaron de dónde éramos, al llegar a mi les dije que de Alcabon y ellos respondieron: el pueblo de D. Victorio, El Cura Santo”
    En otra ocasión, me llamo el Rector del Seminario para que le acompañase a visitar a D. Victorio, grave mente enfermo; en su cama le recuerdo muy enfermo y el Sr. Ovispo de rodilla rezando

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    1. Muchas gracias por este hermoso testimonio.

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  2. Me has maravillado con tu tierno escrito abrazos dorados

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  3. Anónimo14 mayo

    Gracias Gemita por esta descripción tan verdadera de D Victorio. Yo siempre le llamaba tío cuando lo encontraba paseando por Toledo o cuando lo visitaba en su casa. En mi casa era muy querido. Cuando venía al pueblo siempre visitaba a mi hermana. Era una gran sacerdote y una gran persona.

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    1. Muchas gracias por compartir tus entrañables recuerdos sobre Don Victorio.

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Muchas gracias por tus comentarios