Antaño las casas de nuestro pueblo solían tener ciertas partes comunes, que eran muy habituales en prácticamente todas las construcciones residenciales.
Suelos hidráulicos típicos de las casas alcaboneras
Muchas gracias a Mari Pili Merchán Maroto y a su tía,
Tomasa Merchán Moset, por permitirme fotografiar
los suelos y elementos de las estancias
de su casa típica alcabonera
Así, podemos señalar las siguientes partes del interior de las casas en Alcabón: El portal - La cocina - La despensa - El doblao - El cuarto de estar y las habitaciones - El patio, el portalón y el corral.
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El portal
Era el pasillo de la vivienda. Solía ser amplio y ancho y era habitual colocar un perchero, un espejo, una ménsula o un taquillón para dejar las llaves o poner algún adorno, también con algún cajón para dejar cosas útiles que se querían tener a mano, un paragüero en la época de lluvias, y otros.
Detalle de percheros de portal
con perchas, ménsula, paragüero y espejo.
Muchas gracias a Mari Pili Merchán Maroto
y a su tía Tomasa Merchán Moset.
Los suelos, de baldosas hidráulicas, (cemento pigmentado), inventadas en España a mediados del siglo XIX y muy utilizadas tanto en interior como en exterior hasta los años 60, estaban decorados con dibujos geométricos y florales muy vistosos y coloristas. Me encantan los suelos de las casas antiguas. Actualmente, con el revival de todo lo vintage, los suelos hidráulicos decorados están muy de moda.
Suelos hidráulicos típicos de las casas alcaboneras
Muchas gracias a Mercedes García García
y a su tía Milagros García Molina
por permitirme fotografiar los suelos
de la antigua panadería
En algunas casas, el portal se mantuvo empedrado con cantos rodados que solían pintarse de algún color no llamativo. Recuerdo que así era el portal de entrada de la casa de la Tía Isabel la Revoltosa en la Plazuela.
O se mantenían con baldosas de puro cemento, sin pigmentar, sobre todo, si el portal era amplio y se utilizaba para la entrada de carros con el grano que luego se subía al doblao o se acarreaba hasta los cuartos traseros que estaban en el patio o en el corral, como se hacía en casa de Tomasa Merchán Moset.
Portal típico de casa alcabonera
Muchas gracias a Mari Pili Merchán Maroto
y a su tía Tomasa Merchán Moset por permitirme
fotografiar los suelos, las estancias y objetos
de su casa típica de Alcabón
Detalle de baldosas de cemento sin pigmentar
en portal típico alcabonero,
adaptadas para la entrada de carros
En el portal también se ponían sillas decorativas de madera labrada arrimadas a las paredes pues era habitual sentarse un rato con alguna visita de poco tiempo o, según la época del año, en verano, sobre todo, sentarse en el portal si era fresco.
También eran típicos los frisos de baldosines cerámicos. Esta es una reminiscencia de las construcciones árabes. En sus orígenes, cumplían la función de evitar que la humedad del suelo diera la cara en los bajeros de las paredes, pero, posteriormente, se utilizaba como elemento meramente decorativo.
Era típica la cortina de tejido grueso justo detrás de la puerta de entrada a la casa, sobre todo en las que tenían puerta acristalada, y también en la puerta de salida al patio, con dibujos coloristas. En verano, era muy común abrir ambas puertas dejando echadas las cortinas, para que hiciera corriente pero que no entrara calorazo ni moscas u otros bichos.
Portal típico de casa alcabonera dividido en dos partes,
con taquillón, suelos hidráulicos y puerta acristalada.
Muchas gracias a José García Palomo y Carmen Madrigal Navarro
por su amabilidad permitiéndome fotografiar
algunas estancias y los suelos de su casa.
Otros elementos decorativos colgados en las paredes: cuadros, espejos, platos de cerámica, estantes o repisas, tapices, percheros.
Era habitual el botijo, sobre todo en verano.
Típico botijo y silla en el portal de la casade Tomasa Merchán Moset
Se colgaba algún farolillo como iluminación.
Era típico poner alguna imagen de santo, virgen, el corazón de Jesús, Santa Rita o algún otro elemento religioso o de la cultura tradicional.
Muchas gracias a José García Palomo y Carmen Madrigal Navarro
por su amabilidad permitiéndome fotografiar
algunas estancias, suelos y objetos antiguos de su casa.
Suelos hidraúlicos en casa de José García y Carmen Madrigal
en perfecto estado de conservación
Antiguo candil de aceite para alumbrar
Antiguo calentador para las sábanas de la cama
Icono religioso decorativo en el portal
Imagen de San José en portal típico alcabonero
Cuenco para calentar el agua en la lumbre
Fuelles, balanza de peso, cuerno para llevar el gazpacho
cuando los hombres se iban a la era,
antiguo reloj y bolsas paneras de tela.
Muchas gracias a José García Palomo
y Carmen Madrigal Navarro.
El portal era el distribuidor de las estancias de la casa y solía estar dividido en dos partes: el portal exterior, que daba directamente a la puerta principal de la calle y a alguna habitación, y el portal interior, que solía dar a la cocina, a la puerta del patio o del corral y a otras estancias o dormitorios. Ambas partes del portal estaban separadas por una puerta interior, normalmente acristalada, o por cortinas gruesas o sin ningún elemento divisorio.
El portal solía ser oscuro, pues no tenía ventanas al exterior, sino sólo las puertas a las demás estancias de la casa, por lo que surgió la tendencia más reciente de poner puertas principales con cuerpo metálico y cristal, (cristales translúcidos, que dejan pasar la luz pero no la imagen).
Ya más recientemente se añadió a la casa la estancia del baño o servicio pero, antaño, no había cuarto de baño dentro. Si no había pozo natural de agua, se traía agua del caño o de alguna de las fuentes naturales de agua que había en el pueblo y se utilizaba un palanganero que se solía colocar en el dormitorio o en una estancia chica reservada para el aseo básico. Cuando ya se introdujo el agua corriente en las casas, como suministro público, comenzaron a construirse los baños, los aseos, las pilas para lavar y fregar dentro de las casas, o en las cocinillas y cuartos de aseo en los patios, y se comenzó a introducir el váter, cuyas aguas sucias se canalizaban a los pozos negros o al estercolero en el corral, si lo tenían.
Raquel García Acevedo me cuenta que, en la puerta principal de entrada de su casa, y también en la de su tía Petra, tenían una pequeña cadena por dentro, en el perfil, de manera que la puerta se podía dejar juntada, con la cadena puesta, y los de la casa metían la mano y la quitaban cuando iban a entrar.
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La cocina
Era la parte más importante de la casa, pues, hasta que llegó la televisión a finales de los años 50 y principios de los 60, la vida común se hacía en la cocina.
Las comidas se hacían en familia, pero, cuando las tareas del campo lo requerían, en la época de la cosecha, la varea, la vendimia y otras faenas del campo, el padre y, en muchas ocasiones todos los miembros del clan, comían en la era o a la sombra de una oliva.
La cocina solía tener una mesa grande alrededor de la cual comía toda la familia. Estaba la lumbre donde se ponían los pucheros de la comida a calentar y el agua para cocinar y para lavarse. En las casas de más ver, la cocina tenía sus fogones hechos de obra, recubierta de baldosines blancos, con el hueco para meter las brasas y cocinar de pie, sin tener que agacharse a la lumbre.
El tiro de la chimenea solía ser bastante ancho y se quedaba volandero a cierta altura, 1,60 o 1,70 desde el suelo. Para pasar por debajo a la lumbre te tenías que agachar.
Se aprovechaba todo su contorno como toza para colocar los pucheros, las cacerolas y demás utensilios grandes de la cocina. También los perolos llenos de aceite con cintas de lomo, tarros con conservas hechas en la misma casa (con pimientos, con tomate, con manzanas, con todo lo que se podía). Se clavaban clavos alrededor y se colgaban cosas de utilidad: la bota de vino, el porrón, el pasapuré, un embudo, un colador, las tenazas y el fuelle para la lumbre y otros utensilios de uso habitual en la cocina.
La toza alrededor del tiro de la chimenea alta
en casa de Tomasa Merchán Moset
Muchas gracias a Mari Pili Merchán Maroto y a su tía Tomasa Merchán Moset por permitirme fotografiar la cocina, la despensa y demás estancias de su casa.
Es sorprendente cómo mantienen intactos y en perfecto estado de conservación tanto los suelos hidráulicos, los techos con vigas de madera, las paredes encaladas, las ventanas de madera y persianas de rollo con sus repisas también de baldosas hidráulicas, las puertas acristaladas y todos los muebles, objetos y demás elementos que eran típicos en las casas alcaboneras de primeros a mediados del siglo XX.
A su casa pertenecen la toza de arriba y todas las fotos que siguen a continuación.
Sofá típico de palos torneados de madera y asiento de anea
Cuadro y adorno decorativo en madera con candil de aceite
Antiguo estante típico en las cocinas
con almirez y jarras cerámicas
Antiguo reloj de pared
Espumadera de las que se utilizaban en las matanzas
Antigua lámpara colgante
Silla de madera con asiento de anea y
cojín de punto típico alcabonero
Típico estante acristalado para guardar
vasos, platos, cubiertos y otros utensilios de cocina
Después de que se pasaron las penurias y el hambre de después de la guerra y ya la situación se estabilizó y cada familia comenzó a ganarse la vida como mejor podía, la comida habitual en las casas era el cocido. Era lo que se comía prácticamente todos los días hasta bien entrados los años 60.
Poco a poco se fueron ampliando los menús, pero siempre estaban presentes los platos típicos del pueblo y de nuestra comarca:
En invierno, además del cocido, las judías blancas con chorizo, oreja, rabo y morros. En general, las piezas de matanza se comían solas, con hogaza de pan, o acompañando otros guisos: chorizo, tocino, morcillas, lomos, costillas, chuletas... También la sangre frita. Se aprovechaba todo. Con los garbanzos sobrantes del cocido, también se hacía ropa vieja.
Los guisos de caldo eran habituales: las patatas escabechás o patatas a lo pobre, los sesillos, los huevos en caldillo, la sopa castellana, las sopas de ajo, las patatas con costillas...
En noviembre, para los Santos, las gachas y las puches y, con las calabazas, el arrope. Las castañas asadas, muy ricas. Y los higos. De las cosas del campo, se consumían los productos de cada temporada.
Las migas de pastores se solían comer, sobre todo, en invierno. Emiliano Labrado, el pastor, q.e.p.d., decía que las migas se comían de noviembre a marzo, y mentaba el siguiente refrán: En marzo, ni migas ni esparto.
También eran típicos en todo tiempo los gallegos, tanto en caldo como dulces, con azúcar.
Para Navidad, corderito, cochinillo o cabrito. Era costumbre en esas fechas llevarlo a asar al horno de la panadería.
¡Y qué rico que salía, sin echarle apenas ná de aderezo!
También eran típicos en navidades y festivos los pollos asados y gallinas en pepitoria.
Los pisquiños, las rosquillas y torrijas en Semana Santa. También la sopa de almendras. El potaje con bacalao, espinacas y garbanzos para los viernes de cuaresma.
En verano, para refrescar, rin ran y gazpacho, las cebollas, frutas y verduras de temporada, todo lo que salía de la huerta y sandías y melones.
La carne de caza también era muy celebrada en la cocina, tanto de aves (perdices, palomas, tórtolas, codornices, pichones, perdigones, incluso pajaritos fritos), como de conejos y liebres. Muy típica la perdiz escabechá o perdiz a la alcabonera.
Era usual comer algunas conservas de pescado como las sardinas salás, el bacalao en salazón y diversos pescados en escabeche (chicharro, bonito, atún).
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La despensa
Todo se aprovechaba, todo se guardaba y a todo se le buscaba una utilidad. Lo mismo que en el doblao se guardaban todas las cosas que podían ser de utilidad, en la despensa se guardaban las reservas de alimentos:
la zafra con el aceite, el cántaro con el tocino, los chorizos, morcillas y demás colgados del techo, la pota con el lomo en aceite (orza de lomo), también el queso en aceite, el vino, los botes y frascos con conservas de pimientos y de frutas en almíbar, hechos en casa, los cacharros para cocinar...
Impecable el estado de conservación de todos los enseres antiguos en la despensa de Tomasa Merchán Moset.

Zafra para el aceite que se guardaba en las despensas
Toza con pucheros, cacerolas y otros utensilios
Cesto, cántaras pequeñas y otros útiles de cocina
Cantarera con tres cántaros
Detalle de la tapa de la cántara,
remachada a la perfección con varias lañas.
Antigua lechera metálica
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El doblao
En otros pueblos lo llaman el sobrao. Aquí, de siempre, el doblao. Era una planta superior en las casas, con una altura más baja de lo normal, pues no tenía el fin de ser habitada, aunque en algunas casas así se hiciera, sino que se utilizaba para otros diversos fines.
Para guardar el grano, separando en montones cada tipo, o para guardar la zafra de aceite, para los cofres con las cosas del ajuar de las hijas casaderas, para guardar trastos viejos o cosas antiguas, para guardar utensilios y aperos de labranza o de la casa que sólo se utilizaban ocasionalmente o por temporadas, para colgar los chorizos, morcillas y demás piezas de la matanza, para que se orearan bien, para tender la ropa en invierno, cuando llovía...
También para colgar las ristras de ajos y de pimientos rojos, para extender en el suelo los higos, sobre unos sacos, para que se secaran bien, para orear la lana de los colchones y dejarla extendida antes de volver a rellenarlos, y otras variadas finalidades.
Las escaleras solían ser estrechas y poco trabajadas pues se supone que no eran de mucho paso, sino sólo ocasionalmente.
Detalle de ventanuco de doblao y algunos aperos
Doblao largo de casa grande con serones
Allí cabía un poco de todo e incluso se podía habilitar un catre y un colchón de lana para dormir cuando hacía falta. Pero no era ese su fin. Las ventanas, de hecho, eran más pequeñas de lo normal. Solían ser ventanucos con rejas, los que daban a la calle, y boquerones huecos en las paredes interiores.
Ventanuco de doblao visto desde fuera
Ya, más recientemente, muchos doblaos se restauraron y se convirtieron en primera planta habitable en muchas casas, elevando la altura de las paredes lo adecuado y rehabilitando los tejados para que estuvieran debidamente adaptados a la vida moderna. ---ooo---
El cuarto de estar
Normalmente la cocina era grande y el espacio permitía comer en ella, teniendo cerca la lumbre, pero, desde que se instauró el aparato de televisión en casi todas las casas, comenzó a habilitarse una sala para estar viéndola, y ya se utilizaba también como comedor.
A finales de los años 50, una de las primeras televisiones que llegó al pueblo fue la del tío Antonio el Barbero quien, por consideración con los demás vecinos, dejaba la ventana abierta y orientaba el aparato para que se pudiera ver desde fuera. Se formaba una buena jarana alrededor de su casa. Cada uno se traía su silla y se hacían filas como si fuera un cine.
El sistema para calentarse en invierno en el cuarto de estar era el brasero de ascuas de la lumbre que se ponía debajo de la mesa camilla, bien tapado con las faldillas, y se removía con la badila.
¡Buenas cabras les salían en las piernas a las mujeres, y también a los hombres, si pasaban mucho tiempo al brasero!
(Cabras: manchas en la piel producidas por el calor directo).
También se ponían estufas de leña, que daban mucho más calor y calentaban tanto el cuarto de estar como las estancias más cercanas. Y ya más entrados los años 60, se extendió el uso de las estufas de gas butano.
El cuarto de estar se vestía con diversos elementos:
- Un mueble con diversos apartados: para colocar adornos, algún libro o cajas vacías imitando libros, fotografías de familia, para la cristalería de copas...
Antiguamente los muebles eran de maderas nobles y macizas en tonos marrones oscuros, muebles llamados castellanos. Según fueron llegando las modernidades, las tonalidades del mobiliario fueron evolucionando hacia tonos más claros y las decoraciones en colores más alegres y formas más simples.
- La mesita para la tele y la tele encima.
(Y encima de la tele, la flamenca o algún otro adorno vistoso).
- Un sofá, que antiguamente era de anea, con cojines rellenos de lana, y posteriormente, el típico sofá de escay (polipiel) con cojines rellenos de espuma.
Antiguo sofá de anea en casa de Tomasa Merchán Moset
Sofá de polipiel típico de los años 60 - 70
Actualmente considerados vintage
y muy cotizados
- La mesa camilla con el hule o el tapete de ganchillo encima, las faldillas y las sillas alrededor.
También, si cabía, otra mesa más grande y ampliable, para las comidas de toda la familia.
- Algún elemento decorativo en las paredes: cuadros de caza, de paisajes, algún espejo... En las casas más religiosas, también alguna imagen de santo, virgen, alguna capilla, etcétera...
- Y una lámpara que solía ser voluminosa.
Podemos citar como adornos muy típicos en las casas de los años 60 y 70 la flamenca, el perro de china, algún animalito disecado, entre los que fueron más populares...


Las paredes del interior de la casa estaban encaladas, normalmente en tono blanco, aunque posteriormente se introdujeron otros tonos más variados.
Era costumbre jalbegar una vez al año, cuando venía el buen tiempo: pintar con cal las paredes. Me acuerdo cuando venían a la casa vieja las jalbeganderas: unos años venía la tía Luz y la tía Isabelilla, otros años la tía Lorina y la tía Anatolia, y alguna más que ahora no recuerdo. Bien relimpia y saneada que se quedaba toda la casa y con un olor a limpio que daba gusto.
Posteriormente, ya en los años 60, se extendió la costumbre de empapelar las paredes con dibujos de cenefas florales y de dibujos geométricos, rayas, etcétera...
Típico dibujo de papel pintado para las paredes
en los años 60 - 70
Los techos de las casas, antaño, eran de vigas de madera que estaban a la vista. Posteriormente se introdujo la costumbre de taparlas y poner los cielos rasos, como se llamaban entonces.
Fue común poner en las paredes del cuarto de estar un friso bajero de cerámica o de madera. También en el portal. Tenía un fin tanto decorativo como también para tapar las manchas de humedades de las lluvias de invierno, pues en algunas zonas de pueblo, donde las aguas subterráneas estaban muy someras, las humedades rezumaban en la parte baja de las paredes, secándose y dejando el cerco de la mancha en verano y volviendo a salir en los meses más fríos y lluviosos.
En el interior de las casas, en cada ventana, además de la persiana de rollo, se ponía un juego de cortinas, tanto en el cuarto de estar como en las demás habitaciones que tuvieran ventana. Actualmente, todas las estancias de una casa tienen su correspondiente ventana, pero, antaño, había habitaciones interiores que no la tenían.
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Las habitaciones
Eran las estancias destinadas para dormir. Estaba la habitación de matrimonio, con la cama grande, el armario grande, el baúl, la coqueta o la cómoda con su espejo, un perchero.
También era típico el palanganero, pues antaño no había baño o servicio. Solía estar en la habitación principal o se ponía uno en cada habitación. En algunos casos, se habilitaba otra estancia, pequeña, en el patio, como lugar de aseo.En la pared, sobre el cabecero de la cama, tanto en la habitación principal como en las habitaciones con camas más pequeñas, se colgaban cuadros o figuras en escayola pintada o decorada con motivos religiosos: la última cena, el sagrado corazón, la virgen, algún santo...
Antigua cama de aluminio y cristal
en casa de Mari Pili Merchán Maroto
Antiguo baúl en casa de Mari Pili Merchán Maroto
Típico palanganero para el aseo
Antiguo baúl en casa de Tomasa Merchán Moset
Antiguo baúl y reclinatorio típico de antaño
en casa de Carmen Madrigal Navarro
Otro elemento típico en las habitaciones destinadas a dormitorio era la descalzadora, más o menos decorada y tapizada. Y también el orinal, pues antaño no había servicio y había que atender las necesidades corporales por las noches.
A continuación, diversos elementos típicos
en las casas alcaboneras de principios del siglo XX
Preciosos suelos hidraúlicos
en perfecto estado de conservación
en casa de Tomasa Merchán Moset













Cuadros decorativos con motivos religiosos
muy típicos en las casas
de principios a mediados del siglo XX
Otros elementos decorativos
típicos de aquella época
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El patio - el portalón y el corral
Tan importante era la parte posterior de la casa como la delantera. El patio delantero, al que se accedía desde el portal o desde la cocina, solía tener el suelo de cantos rodados o de cemento, tenía el pozo para sacar agua y se destinaba a jardín.
Típico suelo de cantos rodados de los patios de Alcabón
Patio con macetas y escalera
que sube al doblao
en casa de Tomasa Merchán Moset
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Frondoso y florido jardín
en el patio de Carmen Madrigal y José García Palomo
Entre el patio y el corral se disponían diversas dependencias exteriores, que unas casas tenían y otras no, según fuera su extensión y dependiendo, también, del oficio del cabeza de familia.
Así, era muy típica la cocinilla, un cuarto en el patio donde también se hacía lumbre, se fregaban los cacharros, y otros usos variados, sobre todo más en los meses de buen tiempo.
Un cuarto con el palanganero, un espejo y las tres o cuatro cosas más precisas para el aseo personal y para lavar. Recuerdo que en la casa vieja nosotros teníamos un cuarto en el patio donde nos lavábamos y mi padre y mi hermano se afeitaban, dejábamos ropa en remojo en el barreño, limpiábamos los zapatos, y algún otro uso de aseo, que lo llamábamos "la habitación donde nos peinamos".
Se utilizaba el típico jabón hecho de sosa (ya veremos la receta), más tarde sustituido por el jabón Lagarto para lavar la ropa y otros jabones perfumados para lavarse. Para hacer la colada, si no tenían pozo en la casa o cuando el pozo no traía agua, las mujeres iban a coger agua al caño con las cántaras y luego lavaban con la tabla en un barreño, o bajaban a los lavaderos, que estaban a las afueras del pueblo, por el camino que va a la ermita de San Isidro, más o menos enfrente del Bar Los Álamos.
Solía ser común en el patio un espejo incrustado en la pared, a la altura de la cabeza de las personas y lo utilizaban los hombres para afeitarse y las mujeres para acicalarse, sobre todo en el buen tiempo.
También hubo una tendencia, según pasaron los años, a construir una caseta - retrete, muy básico, en el patio o en el corral, echando las aguas sucias a un pozo negro o al estercolero.
Además de la cocinilla y el cuarto de aseo, también era común la leñera, que podía ser un cuarto pequeño para el almacenaje de leña y sarmientos, o bien un apartado techado, con teja o con uralita, para ese uso.
Si el cabeza de familia era agricultor, solía tener otro cuarto destinado a los aperos de su oficio y para guardar el grano. Si se dedicaba al ganado, podía haber pocilgas, seguramente en el corral, para cerdos, vacas, ovejas, etcétera...
También había casas que tenían su propia bodega, con su lagar para pisar la uva, sus tinajas, su prensa y otros útiles para hacer el vino. Actualmente, aparte de la bodega de la Almazara y la que tiene Tomasa Merchán Moset en su casa, no tengo conocimiento de ninguna más.
Cuando veamos los oficios, también veremos más despacio las bodegas, los molinos de aceite y otros.
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El corral y el portalón
El corral era la parte trasera exterior de la casa a la que se entraba por la puerta falsa. El portalón era la zona techada que estaba nada más entrar por la puerta falsa y que hacía las veces de resguardo para el carro, posteriormente garaje para el tractor, o maquinaria, o coche, o moto o bicicletas, o para el carrillo o carretilla. Normalmente, para vehículos, pero también se le podía dar otros usos, como de trastero. Daba directamente al patio o al corral.
Era común en las casas, si había espacio suficiente, un cuarto con ponederos para gallinas o con jaulas para otras aves como palomas, perdices, etcétera.
Si había ganado en la casa, solían estar en el corral las pocilgas para los animales y había un estercolero, para echar los restos orgánicos de los animales y también de las personas, desperdicios de las comidas y otros restos que, periódicamente, eran evacuados y se utilizaban como abono para el campo.
En algunas casas, si el cabeza de familia era hortelano y tenía corral grande, también se plantaban cosas de huerta.
Carro, tinajas
y antigua puerta en el corral
de Tomasa Merchán Moset
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