29 de julio de 1914 - 26 de enero de 1975
Desde joven, Flores fue un muchacho despierto que se interesó por la música y aprendió a escribir con talento. Cumplió el servicio militar ejerciendo como escribiente del General Muñoz Grandes.
Estuvo destinado por un tiempo en Cádiz como guardia civil.
Todos los años iba andando al Valle de los Caídos.
Ya a su vuelta en Alcabón, ejerció como Secretario de la Hermandad de los Labradores, además de cultivar sus propias tierras.
Flores Robles era muy solicitado por paisanos y paisanas como escribiente, tanto de cartas familiares, como formales, como de cartas de amor.
Lourdes Robles, su hija menor, comenta que encontró una postal escrita por su padre a su madre, María Luisa, donde dice que le escribió cosas muy "cursis", refiriéndose a palabras bellas de amor.
Por otro lado, Lurdi también recuerda que, cuando era chica, su padre la llevaba con él a todas partes, a los bares, cuando se iba a jugar a las cartas, al campo... Y también señala que su padre era un diestro cazador de culebras y que, incluso, las cocinaba y se las comía.
Muchos paisanos y paisanas le recuerdan contando chascarrillos, asando lagartos y culebras, siempre con su bote de bicarbonato atado a la cintura.
En el plano artístico, Flores destacó tocando el acordeón y componiendo coplillas y cantares, junto con Gonzalo Palomo Pérez, con quien compartió estrechamente su afición por la música. Muchas familias del pueblo tienen coplillas con letra y música de Flores Robles que, además de componerlas por afición, lo hacía también por encargo.
Aquí tenemos una muestra aún viva de una de sus más famosas composiciones, que todavía es cantada por nuestros mayores cuando van de excursión:
Qué ganitas yo tenía
de tener una mujer,
qué ganitas yo tenía
de ser amo y disponer.
Qué ganitas yo tenía,
pero todo se cambió:
mi mujer es la que manda
y el que obedece soy yo.
Por la mañana me dijiste, Nicolasa:
Hoy es fiesta y no debías trabajar.
La mañana la empleas en la casa,
y por la tarde te dedicas a planchar.
Si a la hora de la cena no he venido,
coge la lata y te vas a por carbón.
Como hombre honrado y prevenido,
iba lavando la ropilla sin jabón.
¡Ay, niña coqueterona,
con la permanente echá!
Más valiera que tuvieras
más vergüenza y dignidad.
Flores Robles Merchán fue, dentro de su época y sus circunstancias, un hombre de letras y músico de vocación, que consiguió disfrutar durante su vida de su mayor afición y hacer calar en sus hijos el gusto por la música.
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Muchas gracias a Lurdi y a su cuñado,
Aurelio Fernández Fúnez,
por su amable colaboración para redactar
la reseña de recuerdo de Flores, q.e.p.d.


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