jueves, 13 de mayo de 2021

Personajes curiosos y entrañables de Alcabón 1

Hay ciertos personajes que formaron parte de las costumbres de nuestro pueblo, unos imaginarios, otros históricos y reales, y que, con el paso del tiempo, fueron quedando relegados al olvido. 


Garbancito

Era el intrépido protagonista de un cuento infantil pero, además, aquí, en Alcabón, tenía una personalidad propia muy peculiar. 

Se decía: "Te está rondando Garbancito" para referirse a un duendecillo muy pequeñito que venía a cerrar los ojos a los niños cuando tenían sueño. 

Se les decía cuando se ponían temosos porque tenían sueño pero no se querían ir a dormir. Se les cogía en brazos y se les hacía cosquillitas cerrándoles los párpados y diciéndoles que era Garbancito quien les cerraba los ojos. Y hacía efecto.


El Hombre del saco

También tiene su origen en una antigua tradición popular. Aquí, en Alcabón, era un hombre grandote, feo y desaliñado que iba por los pueblos con un saco al hombro y que, por lo visto, cogía y metía en el saco a los niños y niñas que no obedecían a sus padres... Si alguien sabe dónde se los llevaba, que lo diga.

Inmaculada García Garrido recuerda que, cuando era chica, venía al pueblo pidiendo un hombre que le llamaban el tío Carrichano, de Carriches, con un costal a la espalda y, por lo visto, los muchachos y muchachas le tenían miedo. La verdad que parece recordar mucho al Hombre del saco.




El Coco

Era un monstruo. No se sabe muy bien cómo era, pero daba miedo. Yo creo que cada uno nos lo imaginábamos a nuestra manera. Lo mismo que el Hombre del saco se llevaba a los niños y niñas que no obedecían, el Coco se llevaba a los que no se querían dormir cuando tocaba.


La Madalena

Era una señora mala o una bruja que vivía en el fondo de los pozos y que se llevaba hacia dentro a los niños que se asomaban más de lo permitido al bordillo del pozo. 

Recuerdo que, cuando éramos chicos, cuando salíamos al recreo en la escuela, pedíamos permiso a Don Ismael o a Doña Charo para salir a beber agua. 

Íbamos unos cuantos muchachos y muchachas en ca la tía Seve o en ca mi abuela Eusebia y nos daban agua recién sacada del pozo con el bote de hojalata atado con una cuerda.

Si alguno o alguna nos asomábamos al bordillo del pozo más de lo debido, mi abuela nos decía: "¡Cuidaito! Que sale la Madalena y os lleva padentro."

¡Qué rica y qué fresquita estaba el agua recién sacada del pozo!... Aunque estuviera ahí abajo la Madalena. 


Cecilio el Alguacil

Una de las personas entrañables en nuestro recuerdo es Cecilio el Alguacil, que cada día iba por las calles del pueblo dando los pregones con el cornetín. Se ponía en los esquinazos de las calles, o en medio de las plazas, daba el toque con el cornetín para que la gente saliera de sus casas a escuchar el pregón y decía:  

"Por orden del señor alcalde, se hace saber...". 

Si había venido alguna tienda a la plazuela, si había que pagar el agua o lo que fuera, si había que vacunar a los perros, si había que ir a firmar algún papel... En fin, era como el boletín informativo del pueblo. Además, siempre dispuesto para lo que fuera preciso.  




El cinero

Una o dos veces cada verano, venía en su DKV el cinero. Creo que era gitano, el hombre, ya mayor. Algunos años lo hacía en la Plazuela, pero yo recuerdo más los veranos que se hacía en la Plazuelilla. 

El cinero aparcaba su furgoneta delante de la casa del tío Delfín, abría las puertas traseras, colocaba el viejo proyector y ponía la lona blanca grande que hacía de pantalla en la pared de enfrente. En aquella época no había árbol ni nada en medio de la Plazuelilla. 

Recuerdo que con una vara larga ponía una caja de cartón tapando la farola que había en lo alto de la fachada del tío Domingo, para que todo estuviera oscuro. Me llamaba la atención ver cómo lo hacía. 

Cada uno llevaba la silla de su casa. Algunos muchachos se sentaban en el suelo. Y  se formaban filas largas a lo ancho de la Plazuelilla con toda la gente. 

La mujer del cinero iba cobrando el dinero de la entrada a todos los que estábamos sentados. No me acuerdo cuánto cobraba... ¿Cinco duros? No sé. Algunos muchachos se escaqueaban cuando la mujer pasaba cobrando: se salían de la fila y se escondían y, cuando ya había terminado de cobrar, aprovechando la oscuridad, volvían a sentarse solapadamente para ver la película. Algunas veces les pillaban, claro. Otras no. 

Las películas eran las típicas del oeste. Yo creo que incluso varios años repitió las mismas. Los últimos años recuerdo una de súper héroes con ventosas en los pies que andaban por techos y paredes. 

Cuando se terminaba el primer rollo de la película se hacía un intermedio para poner el siguiente rollo y para rifar una botella de coñac Soberano. Primero rifaba las tiras de números para el sorteo: "Y una tira, y otra tira, y otra y otra...  Cinco tiras por cinco duros... ¿Quién da más? Cinco tiras por cinco duros a la una, a las dos, y a las tres. ¡Achúchale!".

Esa expresión, "¡Achúchale!", era muy característica del cinero y, coloquialmente, se utilizaba cuando algo ya estaba dicho o hecho definitivamente.

El proyector que traía era tan viejo, o las películas, que traía metidas en unas características latas planas redondas de buen tamaño, no se sabe bien, que a mitad de la proyección se rompía y el cinero tenía que andar haciendo arreglos, colocando los fotogramas, engrasando el proyector...

Cuando terminaba la película, cada uno se cogía su silla y tan contentos pa casa. El cine era una de las atracciones de los largos veranos de vacaciones escolares en el pueblo.


El tostonero

"¡Ajos y tostoneeeeeeeeees!". Ese era el grito que voceaba a viva voz el tostonero, algunos días en plena siesta. Era un hombre rústico con boina que venía con un borriquito blanco, con las alforjas llenas: a un lado los ajos y, al otro, los tostones. Las mujeres, a la voz del tostonero, salían a la puerta de la calle, a su paso, para comprarle lo que necesitaran. 

Los tostones eran el aperitivo típico de antiguamente: garbanzos encalados. Se repartían en los refrescos de las hermandades de los santos del pueblo, en los días de fiesta. 


El chatarrero lanero 

El hombre hacía a todo: recogía todo tipo de chatarra de hierros, metales y trastos antiguos de madera, tinajas, etc.., pues se dedicaba también a las antigüedades y, además, lana de oveja con la que se rellenaban los antiguos colchones. 

Bueno, el chatarrero lanero yo creo que sigue yendo por los pueblos, lo mismo que otros que se dedican a la compra - venta ambulante, pero ya más modernizados, con sus furgonetas, sus camiones. ¿Serán los descendientes de aquel que venía por entonces? 

En la actualidad, los vendedores ambulantes que vienen al pueblo son el tapicero (Tapizamos todo tipo de sofás, sillas, sillones... Consúltenos: presupuesto sin compromiso), algún frutero, el de los canalones, y los que vienen los martes al mercadillo de la plaza (fruta, ropa y zapatos), cada uno con su puesto. 

También viene algún chatarrero, ocasionalmente, voceando por un altavoz que compra hierros, lana vieja, antigüedades y trastos, claro, los que él vea que pueda sacar provecho. Hasta hace poco también pasaba ocasionalmente el colchonero lanero: cambiaba la lana de los colchones antiguos a cambio de un colchón nuevo de los de ahora, pagando la diferencia.


La tía Cacharrera 

Era una señora de Torrijos que venía con una tartana, (una carreta cubierta), tirada por una mula. Traía cacharros para cocinar, pucheros, cubiertos, cosas de ajuar para las casas, telas, bacines, y cacharros en general y la gente hacía trueque con ella: le daban telas, retales, aceite, trigo, y cosas que a ella le convinieran, a cambio de cacharros y otras cosas para las casas. Con ella no se trataba con dinero, sino con cosas de utilidad. 


El afilaor

Es muy conocido por todos por el típico sonido de su flauta de pan. En sus orígenes, venía al pueblo en burro con su amoladora, que accionaba por un mecanismo muy básico con un pie. Más tarde, venía en bicicleta con la amoladora incorporada para afilar cuchillos, tijeras y otros utensilios con filo. Tenía instalado el mecanismo de manera que, plantaba la bicicleta con las patas de cabra, comenzaba a dar los pedales y la amoladora daba vueltas y cumplía su función.

Posteriormente, se modernizó y el mecanismo tenía un motorcito incorporado y ya no hacía falta que diera pedales. También más tarde, tenía grabado el sonido de la flauta de pan y lo iba emitiendo por un altavoz, ya cuando venía en furgoneta. 

 

El aguaor

Iba con una burra llevando y trayendo agua para quien lo solicitara: para los labradores que estaban en la era, para las mujeres que lo precisaran... Iba acarreando el agua en dos o más cántaras de barro llenas de agua potable para beber que llevaba metidas en las alforjas de la burra, también un algún botijo y cobraba unas perras por tragos o por medidas. 


El Comboero, la tía Guarrachorcha y la Chipiritiflaútica

Eran tiendas de ropa en Torrijos. 


El perrero - El buhonero

El Comboero, nombrado arriba, era el dueño de la tienda de ropa que estaba en la plaza del Calerito, en Torrijos. En la actualidad todavía existe, en el mismo lugar, y la llevan sus hijos. En sus inicios, el Comboero venía al pueblo un día a la semana en bicicleta, con un carrillo atado atrás, donde llevaba la ropa. Vendía ropa tanto para hombre, como para mujer y jóvenes (pantalones, faldas, camisas, sueters).

La gente le solía pagar a la perra, es decir, a plazos, unas perras cada semana. De ahí le venía el apodo de el Perrero. También le llamaban el buhonero.

Posteriormente se modernizó y venía con su furgoneta. 

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Próximamente, más personajes entrañables de Alcabón

8 comentarios:

  1. Que chulo!! Yo algunos no me acuerdo pero otros si.. sobre todo de Cecilio él alguacil y su trompetilla😜😘😘😘

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    1. Muchas gracias, Naty. Me alegra que te haya gustado. Sí, yo también me acuerdo de Cecilio, cuando daba los pregones. Un abrazo.

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  2. Recuerdos de adolescencia "El cinero"..hubo uno que venía de la zona de Valencia y su hijo que era más o menos de mi edad se juntaba con mi pandilla , repitieron varios años.

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    1. Muchas gracias por compartir tu recuerdo. Un cordial saludo.

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  3. Que recurdos y que nostalgia.Gracias Gema.
    Yo era uno de los que se escaqueaban a la hora de pagar en el cine y me gastaba los cinco duros en K la tia Angelita.jjjjj

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    1. ¡¡Jajajajaja!! Muy bueno. Te entiendo perfectamente: esos cinco duros estaban muy bien gastados en chucherías en ca la tía Angelita.
      Muchas gracias por tu divertido recuerdo, Jesús. ¿Qué Jesús eres?

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    2. Tu vecino,cuatro casas mas abajo.Cuenta

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    3. ¿Eres Jesús Acevedo hijo?

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Muchas gracias por tus comentarios