viernes, 18 de abril de 2025

El potaje de Semana Santa

El potaje de Semana Santa
Según receta de mi madre
Isabel del Pozo Martínez (q.e.p.d.)
como lo hacían antaño las madres alcaboneras,
y realizada por mi hermana Encarna.



El potaje es una de las comidas típicas de Alcabón para los viernes de cuaresma y para el Viernes Santo, días en los que, según la costumbre, hay que guardar ayuno de carne. 
Es un plato muy completo y energético y también algo laborioso en su elaboración, pero desde luego que merece la pena. La receta aquí expuesta por mi hermana Encarna es la típica que realizaban nuestras madres antaño, y que se sigue realizando actualmente, siempre teniendo en cuenta las variantes que se suelen dar de unas familias a otras. Ahí va.  

Ingredientes para 6 - 8 personas:

- Garbanzos (como decían antes: dos puñados por persona).
- Espinacas (una bolsa).
- Bacalao salado (una o dos piezas por persona, al gusto).
- 1/4 kg de chirlas o almejas.
- Aceite de oliva virgen extra para hacer el sofrito.
- Una cabeza de ajos y un ajo aparte para el aderezo.
- Cuatro rebanadas pequeñas de pan.
- Media cebolla grandecita.
- Vinagre de vino blanco. 
- Dos o tres hojas de laurel.
- Sal.
-  Pimienta negra y comino molido.
- Agua.
- Un par de cucharadas de harina.
- Una cucharadita de pimentón dulce de la Vera.

Elaboración:

Paso 1 

Dos días o un día antes, poner en remojo las piezas de bacalao salado. Si lo ponemos dos días antes, cambiar el agua tres o cuatro veces cada día, para que se desale bien. Si lo ponemos un día antes, cambiar el agua el doble de veces. Mejor desalar dos días antes.
Por otro lado, la noche antes, poner en remojo los garbanzos con una cucharadita de sal o de bicarbonato para que se ablanden mejor.


Paso 2

Ya en el día en que vamos a hacer el potaje, hacemos las preparaciones: 
- Escurrir el bacalao, aclarar con agua y reservar. Lo mismo con los garbanzos y reservar.
- Cortamos cuatro rebanadas pequeñas de pan blanco y las tostamos en sartén con un chorrito de aceite de oliva virgen extra hasta que estén doradas.  Las rociamos bien con vinagre de vino blanco y las reservamos. 
- Ponemos las chirlas o almejas en agua con sal y un chorrito de vinagre para que suelten la arenilla si la tuvieran y reservamos.
- Hervir las espinacas y reservar.

Paso 3

Ponemos a cocer en una olla o puchero los garbanzos con las dos o tres hojas de laurel, la cabeza de ajos y un punto de sal hasta hasta que estén bien cocidos y blanditos. 

Paso 4

A continuación, añadimos a la olla las piezas de bacalao y las espinacas (cantidad al gusto) para que den un hervor. En este paso, se puede sofreir antes el bacalao, pero no es necesario. 
Lo dejamos hasta que veamos que el bacalao está tierno (10-15 minutos). 
Lavamos bien las chirlas o almejas y las echamos también a cocer con los garbanzos, el bacalao y las espinacas. Y mientras preparamos el aderezo.

Paso 5

Picamos la cebolla y la ponemos a sofreir en fuego medio hasta que se poche. 
Mientras, ponemos un ajo picado, unos granos de pimienta negra, sal y un toque de comino molido en la mano del almirez,  lo machacamos bien y reservamos.

Podéis ver la continuación del aderezo pinchando AQUÍ

Paso 6

Añadimos a continuación un par de cucharadas generosas de los garbanzos al sofrito de la cebolla, una cacharadita de pimentón y de harina, removemos bien hasta que se integre todo, y a la olla.


En el aderezo que tenemos en el machacador, echamos las rebanadas que tenemos ensopadas en vinagre, machacamos todo bien y lo echamos a la olla. 

Para finalizar, darle el punto de sal, dejar que hierva en el fuego bajo hasta que todo se integre y que el bacalao quede bien tiernecito y.... Al plato. 
Se puede añadir uno o dos huevos cocidos picados.

Mil gracias a mi hermana Encarna, que ha sido una auténtica youtuber cocinera explicando la receta del potaje.

Los músicos de Alcabón - Parte 2

Anécdotas y vivencias de los músicos de Alcabón


Muchas gracias a Mariano Martín  
por contarme sus anécdotas como músico 
por cederme sus fotografías 
que acompañan este relato
---ooo---

En esta ocasión, Mariano Martín y su mujer, Pilar, nos narran vivencias y anécdotas de sus comienzos y de su trayectoria como músico.


Mariano recuerda con añoranza su época de músico. 

"Cuando yo empecé estaba Ángel el Polvorista de saxofonista, pero, el director, el tío Jesusín, que tenía un carácter fuerte, le dijo: "O la música, o la pólvora". Y Ángel, que ya hablaba con Encarna por aquella época, eligió finalmente la pólvora. Entonces, yo elegí el saxofón alto, que era el instrumento que él dejó.

Cuando yo entré en la banda, recuerdo que también entraron conmigo otros diez o doce o más: Garbancito, el de María Cleofé, que tocó la trompeta; El Cano, un tal Fidel, de la tía Fidela, del Barrio Abajo, y mi primo Antonio Martilia tocaron el clarinete. Juanito, el de Cecilia, que estaba arando entonces en casa del tío Isabelo, tocó el fliscorno, y Juanito, el de la tía María Pons, aprendió a tocar la trompeta. 

También Eusebio, hijo del tío Paco el Manco, del que me acuerdo que el tío Jesús, que tenía un carácter fuerte, un día que le vio por la calle jugando, o haciendo faenas, y que no había ido a dar la lección de música, le dio un bofetón que le tiró al suelo. 

                           

Otros que aprendieron en mi época fueron Maxi, el de la Isabel, que tocó el saxofón tenor, y luego entraron Andrés Molina y Andrés el Carpeño, que tocaron la trompeta. También Tasito, el de La Berruga,  y el Requintillo, sobrino de Dionisio el Morrongo. Dionisio tocó el requinto y el saxofón alto, además de cantar. También estaba José, el hijo del director, que primeramente tocó la trompeta y luego ya se quedó con la caja.

Yo tocaba normalmente el saxofón alto en la banda de aquí, del pueblo pero, cuando estuve con el conjunto de Val de Santo Domingo, también toqué el saxofón tenor, según las piezas que se terciaran: pasodobles, Islas Canarias y otras de ese tipo, con el alto, y las cumbias y otras de más ritmo, con el tenor.

El tenor ya se lo vendí a Gerardo, de la banda de música de Torrijos, pero el saxofón alto todavía le tengo. Es de la marca Selmer y un tal Bullido, que tocaba en la banda del rey, me dijo que me podían dar hasta 3000 € por él. A mí me lo trajo  Ángel, el de la Florentina, que me lo compró en el Real Musical de Madrid. Me costó por entonces 96000 pesetas, hace ya más de 50 años.

                            

Yo he tocado, aparte de la banda de Alcabón, con otros grupos y otras bandas de otros pueblos. He tocado con muchos músicos... Muchos de buena escuela, pero algunos de ellos, si no tenían la partitura, no sabían tocar. 

En los comienzos, escribían de los ayuntamientos al director, contratando a la banda de Alcabón. Íbamos a tocar a las fiestas de los pueblos donde nos contrataban.  Posteriormente, yo tuve de representante a Manolo Campos, de Talavera, y a Manolo Rubio, de Menasalvas, que me llamaban para ir a tocar a muchos sitios. 

Manolo Rubio me lo decía a la crítica hora y, muchas veces, no sabía hasta un rato antes dónde tenía que ir. Me decía: "En la carretera tal, en el kilómetro tal, debajo de una piedra, tienes el contrato para que lo firmes". Y según me dejaba el contrato, él aprovechaba para coger del campo unas alpacas que viera en alguna tierra, para sus ovejas.

Manolo Campos, el de Talavera, era el representante de aquellos conjuntos que fueron tan famosos en las fiestas de los pueblos como los Exteleson, los Mandingo, Manhatan, Trigal, que eran orquetas de mucha categoría. 
De la orquesta Trigal yo tuve mucha amistad con el que llamaban Ángel, el Chato, que ha venido conmigo en alguna ocasión de caza con los galgos.

                  

También tenía otro representante de Carriches, el Cojo, que me llamaba para tocar a los pueblos de los alrededores con distintas bandas. 

Como yo era agricultor autónomo, que no tenía que fichar en ninguna empresa, pues yo aparcaba mi tractor y me presentaba a todos los sitios que me llamaban para tocar. Otros músicos no podían hacer lo mismo, claro. 

En los comienzos, con la banda de Alcabón, bajo la dirección del tío Jesusín, fuímos a tocar a Aldeaencabo, a Humanes de Madrid, a Hormigos, Nombela, Pelahustán, el Real de San Vicente, Cardiel de los Montes, y muchos pueblos más...       

Por entonces, finales de los años 50 y años 60, había pocas bandas por nuestra zona, y muchos músicos se fueron a vivir y a trabajar a Madrid, para ganarse allí la vida, así que, a los que quedamos aquí, nos llamaban de muchos pueblos. Algunos de los que se fueron a Madrid, como Maxi y Dionisio, luego se acoplaban con nosotros en algunas ocasiones para tocar en bodas (en los salones de bodas del tío Madaleno) y en algunas fiestas. 

                             

En una ocasión, Pío, Lucío y Dorote, que estaban de músicos en Val de Santo Domingo, me dijeron: "Mariano, ¿por qué no te vienes con nosotros?" Se les había ido el saxofonista y también tenían muchos bolos, como se dice ahora. También estaba en este grupo el Cano de Val de Santo Domingo (el Albino), que dio clases de guitarra a muchos de su pueblo. 

Total: allá que fui. Estuve bastantes años también tocando con ellos, hasta que el Cano y el batería empezaron a decir que iban a grabar un disco y que querían tocar música más moderna, y yo ya no seguí. Ellos se llamaron Línea 33 y llegaron a salir en la tele pero rápido se les pasó el éxito.

Había algunos meses que se juntaban las fiestas de muchos pueblos, o teníamos que tocar en bodas, en salas de baile. Me llamaban para ir a tocar a muchos sitios y algunas veces no sabía ni adónde tenía que ir hasta el último momento cuando me juntaba con los demás músicos. Llegaba a mi casa de las labores del campo, aparcaba el tractor y me tenía que preparar deprisa y corriendo porque me habían llamado para ir a tocar."


Pilar, la mujer de Mariano, cuenta a continuación: "Llegaba de empacar y se preparaba corriendo para irse a tocar... Tenía dos pares de zapatos negros, pero no eran iguales. Total que, una vez, tan deprisa se preparó, que se puso un zapato de un modelo y el otro distinto. Menos mal que eran los dos negros."

Continúa Mariano: "Me salieron algunos trabajos para irme a Madrid, como de ayudante para una tienda, pero yo prefería quedarme en el pueblo y trabajar en el campo. Ese puesto, como yo no lo quise, el tío Zacarías se lo dijo a tu tío Eusebio, y él sí se fue y, al tiempo, se casó con la hija del dueño de la tienda, para que lo sepas. 


También me ofrecieron ir a trabajar a Marconi que, por aquel entonces, era una gran empresa, y allí trabajaban otros del pueblo: José (Reganás), Molina, otro que le llamaban el Calderero, y más... Pero me acuerdo que, en aquel tiempo, cuando me llamaron para hacer el reconocimiento médico para ingresar, estábamos liados sembrando garbanzos en Perejilejos, arando con las mulas y, al final, no me presenté porque yo prefería seguir trabajando en el campo.

Volviendo a lo nuestro, te cuento que, cuando se murió el tío Jesusín, se puso de maestro Paco "Dios", y él fue quien enseñó a tocar a Molina, al "Requintillo" de Dionisio, al "Carpeño", "al Berruga - el hijo de la Virgen", a Andrés "Pelusa", y a otros muchos.


Si íbamos a las fiestas de algún pueblo lejos, nos acogían en alguna casa y nos dejaban dormir en el doblao. El alguacil nos daba una papeleta y nos decía: "A esta casa tenéis que ir dos."  También me ha tocado volver andando de noche, después de tocar en el baile, desde Alcorcón a Móstoles que era donde teníamos la pensión.

Me estoy acordando ahora del tío Teófilo, que primero tocó el bombardino y ya al final tocaba el bombo. Después de él fue Lorenzo quien tocó el bombo. Antonio "el Barbero", primero tocó el requinto, también el clarinete y, finalmente, terminó también tocando el bombo y los platillos, según se terciara. 

Aparte de tocar en la banda de Alcabón y en los grupos que te he mencionado, también toqué en muchas charangas, haciendo pasacalles. Nos hemos recorrido muchos sitios de España. 

                                   

He tocado todo tipo de música y me han llamado porque sabían que yo siempre respondía y era el primero que arrancaba a tocar y sin andarme con tonterías. Yo creo que sólo ha habido una pieza que se me ha resistido en toda mi vida, y es el pasodoble de "La Trini, la Triniá".

Iba todos los años a La Mata a tocar a las fiestas y, cada año, elegían una canción famosa, pasodoble o similar, que fuera conocida por todos y le ponían la letra que ellos querían hablando del santo y de su pueblo. Total, que yo llevaba ya un montón de años yendo a tocar y un año eligieron este pasodoble y puedo decir que fue la pieza que más me ha costado tocar de toda mi vida de músico.

Otra vez me pasó que nos presentamos a tocar en Navalcarnero, cuando también se venía mi hijo, Carlos, que acompañaba con el bombo o los platillos, y yo me monté en el coche porque él se encargaba de preparar los instrumentos. Yo no le dije nada, quedando en la fía de que él lo iba a preparar. Cuando llegamos allí, no estaba mi saxofón en el maletero. Él se había preparado lo suyo y no se acordó de echar mi instrumento. Así que no pude tocar.


Los últimos años que estuvo en activo la banda de Alcabón, estos son los que tocábamos, unas veces todos, otras veces venían unos, otras veces, otros. Los de aquí, del pueblo, éramos los fijos, y luego se acoplaban los de Madrid. 

Estábamos: José Rodríguez, (el hijo del tío Jesusín) con la caja, yo con el saxofón alto, Paco (Dios) con el bombardino, Félix (Reganás) con el clarinete, Dionisio (el Morrongo) con el saxofón alto y como cantante, Maxi, el de la Isabel, con el saxofón tenor,  Francisco (el de la Socorro), también con el clarinete, Lorenzo con el bombo y, ya finalmente, Antonio (el Barbero) que en sus comienzos tocó el requinto, tocó el bombo y los platillos. También venía mi hijo Carlos, en ocasiones, y tocaba bombo o platillos. 

Como trompetas, Andrés Molina y Andrés el Carpeño y Juán Francisco y su hijo Luís Miguel, que es maestro de música en la actualidad.


Reconozco que yo he ganado un buen dinerito tocando con el saxofón porque yo nunca decía que no: yo iba a tocar a todos los sitios donde me llamaban. Y se lo tengo que agradecer al tío José, a José Rodríguez Rodríguez, el hijo del Tío Jesusín, (q.e.p.d.), que me insistió una y otra vez en que me apuntara a las clases de música: "Qué pasa, Mariano, ¿te apuntas a la música? Que ya tengo ocho o diez..."  Y no paró hasta que me convenció.